Ella no dijo más palabras,
simplemente con un poco más de confianza dio la vuelta, y me besó
apasionadamente, al final quedé convencido, otra vez salí al campo de batalla,
ella desapareció del lugar, y en un mano a mano con “chunga” le corte la cara,
y le clave mi chaveta en la pierna, vi su cara de terror y ahí hubiera acabado
todo sino fuera porque se empezaron a escuchar sirenas.
Casi al instante el lugar estaba
por completo lleno de gas lacrimógeno, la poli, me decido a huir como lo hacen
todos, la pelea ha acabado, la retirada es buena, les hemos ganado tal como estaba
previsto, al menos eso es lo que vi desde mi perspectiva, voy corriendo en las
asquerosas avenidas de la porquería de hampa en la que vivo, en las calles más
oscuras donde me guardan temor y respeto.
Al llegar a la guarida veo caras
tristes, esperaba encontrarlos ahogados en licor y celebrando, pero al parecer
no fue un buen día, me dicen que han herido de muerte a “toro viejo”, me culpan
a mí por dejar solo al grupo, por irme a un costado, les expliqué, les dije que
pelee con “chunga” y lo he dejado herido, los que me vieron me respaldan, los
desahuevo, les digo que le sacaré la mierda a quien me vuelva a joder y que
pronto yo seré su líder, bajan la mirada y me dejan solo, entro en la
habitación y veo a “toro viejo” y me da la mano, no puede hablar, me la
aprieta, le digo que lo vengaré y el desgraciado muere ante mis ojos.
Quedo un momento en silencio y luego le cierro
los ojos, salgo de la habitación ya no soy uno más de ellos, ahora soy su
líder, todos bajan la mirada y les doy un discurso de calle, de inmediato
designo a “cabezón” uno de los mejores del grupo para que me reemplace si me
pasara algo, esa es nuestra costumbre, por fin son casi las seis y voy a buscar
a mi chica al parque, no confió en ella, antes de acercarme reviso todo el
lugar, al parecer no hay trampa, la saludo, conversamos, reímos, la toco, no se
incomoda le digo que ahora soy el líder de mi pandilla, pone una cara picara y
luego sonríe… conozco esa sonrisa… me dispara y le disparo, dos tiros mortales
y perfectos, le doy a la cabeza, ella me ha dado cerca al corazón, estoy
muriendo, la abrazo como puedo, espero poder amarla en el infierno.
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Fragmentos del libro: “El Vapor
del Sentimiento” escrito por Jonattan Poul León Segura
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